Sócrates el prosaico, el Homo universalis de la polimatía estructural de la Filosofía griega es sin lugar a dudas la Imitatio christi de la devoción y el terror de la ἀρετή del Sabio en su máxima expresión…
Sócrates el plebeyo, el chamán que conjuro el Laos de la naciente generación aristocrático/ateniense encarnado en el culmen extático de la máxima figura de una de las familias regias dominantes de la
península de Atenas, al descendiente de la dinastía Alcmeónida; al
joven Alcibíades, transformado en el Sileno desesperado de una
carnalidad insaciable ante la adoración inmoral de su figura
fantasmagórica; prácticamente en la máxima devoción y aposición del
carácter de la homosexualidad en la práctica griega en torno al Saber y
el Conocimiento en el culmen del Deseo literal, en el éxtasis del goce del soma mismo donde sin reparos o posibilidad de articular una
mueca, mascarada o pose frente a las revelaciones del corazón de la
Filosofía primera en sí. En el arte underground, en los grafitis desde la liberación erótica del erotismo abrasador de las estatuas de dioses
infames y de la sabiduría predecesora perviviendo en la opresión de
una Toga purpura demasiada ceñida en la impresión falaz de sus
devaneos de taumaturgia y misantropía. En su interpretación
falsacionísta y generalizada de una manera meramente fascista y brutal devenida en una simple metodología folklórica, como παιδεία e
ilustración meramente relativizada en el carácter esotérico de sus
propias palabras enigmáticas, incluso indescifrable hasta para los griegos contemporáneos en cuestión.
Sócrates solamente pudo liberar la Expresividad de tamaña Sabiduría acontecida y precedentemente como arquitectura del rayo divino a
través de la impresión y la comprensión del rudimento más duro de
roer desde que el griego tuvo uso de razón, desde las figuraciones poéticas de La Ilíada, su libro revelador por excelencia; y
posteriormente, aunque no en una conformidad absolutamente
totalizadora de La Odisea. Las dos obras objetivadas del poeta máximo
–obviando la multiplicidad de la autoría apócrifa de las mismas- los dos poemas ciegos como su ciego redactor; como el sino de su ciega tragedia donde muere bajo el ἀγών del enigma en su máxima parvedad inusitada: Homero de Quíos…
No obstante, lo cual -comparativamente hablando- lo mismo podría decirse de Pericles como el primer Estadista, como el primer soberano emergente de la civitas democrática en lo más bajo y en la maravilla
del orden civil en su incólume invención legislativa y constitucionalista
a la hora de instrumentar el decálogo contractual ateniense legado bajo el furor del Νόµος Βασιλεύς de Solón en su objetivación…
Pero vallamos a lo directo, a lo que se torna terrible; seguramente no esperaran que les hable del ἔλεγχος bajo el κύκλωι δείκνυσθαί, de la
Ironía socrática como razón centrípeta y elíptica en su demostración contigua de historiografía doxográfica de una metodológica
contractualista en una blasfemia de artículos y etcéteras… ¿Por qué Sócrates?… Más bien los cuadernos de la cárcel de este sabio callejero solo tienden hacia la Poiesis poemática en su máxima reflexión
estética. Cuando en el mismo Fedro, el mismísimo Platón; ése Stalin que
abandono los poemas litúrgicos y dialógicos enfermos de bizantinismo nos dice en el pasaje [230d] de su antagonista insoportablemente
escrutador ante el cual nos presenta a un Sócrates sin estratagema
inquisitiva, sin artilugios del logos enredado en su propia logicidad; donde simplemente responde, responde para no desanimar la
vindicante mundanidad estética de las murallas de tamaña
gigantomaquia de una pedestre simbología estúpida, repleta de cariño y de florituras e insignificancia por parte de su compañero cuando el
mismo simplemente consuela tanto amor ignorante y violento : «No lo
tomes a mal, buen amigo. Me gusta aprender. Pero el caso es que los campos y
los árboles no quieren enseñarme nada; pero sí, en cambio, los hombres de la ciudad» …
¿Acaso no nos adentramos en el cuerpo tatuado, en el reino de las lejanas e infieles tierras de Φθίη?… ¿Acaso no había otro Sócrates dentro de Sócrates mismo?…
Hablo del δαίµων socrático como una entidad fantasma, como “el otro yo”; como la posesión de la ψυχή en su mortalidad; en la relación de los griegos frente a la muerte, en la relación de los griegos en la doble existencia de lo perceptible del soma y la imagenología. El ídolo inconsciente…
Empiria y oniromancia; no importa el porqué de Sócrates como un traidor, como un Poeta de la justicia y la Injusticia del Espíritu en sus confines…
Del agonístico poema espartano de la Asklepieia de la sabia savia de
Imhotep en su Hierón curativo; en la vibración del pulso agonizante, en la narcolepsia del opio visionario, en el canto del Arpista del Faraón
Intef: «Generaciones y más generaciones desaparecen y se van, otras se quedan, y esto dura desde los tiempos de los Antepasados, de los dioses que existieron antes y reposan en sus pirámides.
Nobles y gentes ilustres están enterrados en sus tumbas. Construyeron casas cuyo lugar ya no existe… ¿Qué ha sido de ellos?… He oído sentencias de Imuthés y de Hardedef, que se citan como proverbios y que duran más que todo. ¿Dónde están sus moradas?…
Sus muros han caído; sus lugares ya no existen, como si nunca hubieran sido.
Nadie viene de allá para decir lo que es de ellos, para decir qué necesitan, para sosegar nuestro corazón hasta que abordemos al lugar donde se fueron.
Por eso, tranquiliza tu corazón.
¡Que te sea útil el olvido! Sigue a tu corazón mientras vives. Ponle olíbano en la cabeza.
Vístete de lino fino. Úngete con la verdadera maravilla del sacrificio divino. Acrecienta tu bienestar, para que tu corazón no desmaye. Sigue a tu corazón y haz lo que sea bueno para ti. Despacha tus asuntos en este mundo. No canses a tu corazón, hasta el día en que se eleve el lamento funerario por ti. Aquél que tiene el corazón cansado no oye su llamada. Su llamada no ha salvado a nadie de la tumba».
En la διαίρεσις, en el ειδωλον; en el aforismo número doce de Los caracteres de la belleza de mis “Consideraciones de un alma bárbara”; en la Enciclopedia de la Thanasophía: «Un hombre oculto, un tercero excluso, el enigma de la trascendencia.
La primera naturaleza del hombre es fenoménicamente expresiva de su segunda naturaleza inexpresiva y ciega ante una tercera naturaleza incógnita e inaudita de su propia trascendencia.
Allí no valen las palabras, ni el lenguaje universal y menos aún la filosofía de la Simpatía…»
En su propio ειδωλον, en su propio éxtasis epóptico es en el espejo donde Dionisos se obnubila frente a su propia imagen, en el espejo se
refracta la reflexión total de su propia figura refleja de un mundo en silencio…
De allí el ultimo pedido al amigo leal, al depositario del amor leal, del amor divino que no admite fidelidad; tal cual como figura en el parágrafo [118ª] del Fedón: «Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págalo y no lo descuides» …