“El Alma de Occidente”. [Capítulo V]:
La experiencia ctónica de las divinidades griegas, su numinosidad y el crol oblicuo de Apolo
representan uno de los nombres de la historia condenado a la furia de los titanes; torvo en
la torre de un manierismo existencial como el propio Francisco Quevedo en su resguardo
quietista.
El eremita que deambulo por las polis griegas desde su propia invocación, el Dionisos niño
desmembrado frente al espejo: Friedrich Hölderlin.
En mi “Enciclopedia de la Thanasophia”, sobre todo en sus Consideraciones de un Alma
Bárbara. Creo que la misma barcaza es la que naufraga en torno a Los oleajes del mar y los
vendavales del cielo en medio del carácter ansiolítico de la contemplación y deificación de
la naturaleza en su sabia salvia ansiolítica y deificadora donde probablemente se encuentre
algo más que Yo y ese loco poseído, observando desde el ventiluz de su torre de Tubinga
con el pequeño riachuelo en su paciente ondanar y crepitar debajo de si, donde
probablemente haya visto lo mismo que pude observar y describir en una sección intitulada
de mi “Enciclopedia…”, como Aurora nocturna…
[Cuando uno tiene el privilegio de contemplar el corazón desgarrado y sonrosado de la
noche, inmediatamente se transforma en un apóstata del espíritu de la obscuridad…]
Y déjenme decirles que dicho color parece algo más que un color; más bien se asemeja a un
vomito sanguinoliento que cayó del cielo –piroplasmático- como una nube toxica de una
noche profundamente envenenada que se derrama en su propia acuosidad, en el calor
turbante de una soledad contemplativa; del cielo avistado y tachonado por constelaciones
que empiezan a caer como lienzos podridos de un celaje agonizante; y yo lo observo todo,
como un testigo avizor, desde una maltrecha persiana americana junto al raptar de un
reptil con su inmovilidad paralizante…
Probablemente este hacedor de jardines donde habitan los dioses, donde la experiencia
vivificante de los mismos es ocasión de jubileo y celebración encadenada a la muerte.
Precisamente, en Der tod des Empedokles es donde realmente vi en Hölderlin un reflejo
abismal de mi propio destino, aunque siempre supe que debía llevar más allá mi tarea que
investirme como otro bardo, como otra figuración, simulacro y repetición de los himnos
eleusinos en la poesía de una cosmogonía de la noche de los dioses o en la cosmogonía de
la ausencia del mito en su poiesis revelada…
También descubrí a la locura en su propia Poética del no atreverse a abandonar ese dejo de
ingenuidad e infantilismo suicida; alguien que jamás podría escapar de su propio erotismo
abrasador y de su tierna fragilidad silente y cristalina contenida en la madre de toda
sofrología….
“Nada es más fugaz que los Dioses, redacta Hölderlin en una misiva para un compañero;
ellos cambian sus moradas y solo dejan cenizas, unas cenizas bajo las cuales podremos
encontrar rescoldos. Somos los Poetas quienes podríamos reavivarlos, cuando sea propicio
el lugar el tiempo y la palabra alentadora…”
Al final Hölderlin se condenó a la soledad de su propio Olimpo, de un religarse que ni
siquiera pudo retener en la intencionalidad de la noche profunda de un alma exasperada
frente al desierto que crece en torno a la experimentación del Símbolo; despojado de
vivencia y pertenencia frente a tanto testimonio fenoménico de la consciencia universal en
escapismo, sin marcha atrás, donde el Poeta se convierte en un Artista de las revelaciones
etopéyicas de lo que fue lucidez y asombro…
Su profetismo, sus himnos a la obscuridad y el saber que lentamente se despoja de lo
primordial; de su propio reconocimiento donde el rostro del joven poeta se torna en la
gestualidad de un rictus tenso y ataráxico; para dar paso a una logografía de antiguas
invocaciones perdidas en las penumbras del Ἔρεβος
…
En la reverberación aritmética imposible de un soliloquio iterativo en el neo plasmo
conscientemente figurado en el espacio vacío, en la resonancia iterativa de los Annales de
la locura ilocucionaria y evenemencial de una mitología especular de intestinos,
indigestiones y revelaciones desde la conjuración de Hypnos, sus mordazas y la sutil
fragmentación de una consciencia objetivada sin registro y experimentación involuntaria
donde solamente impera el dialogo de la negatividad absoluta frente a la Virtualidad de lo
real…
“El Alma de Occidente”. [Capítulo VI]:
«El sabio crea, el genio copia y el mediocre imita.»
Éste estúpido refrán popular, ilógico desde la misma dialéctica que implica en su
deprecación, tan solo puede ser entonado por los coros estridentes del desánimo y la
venganza de lo que hoy todo el mundo conoce y denomina como Artistas, Artistas del
Charisma, don de la vejación absoluta para los griegos el arte del hacer favores desde el
agrado, desde una mueca que no está salvo en las aristas de lentejuelas del Bufón
predilecto de Ricardo III. El payaso que mientras lo regocija con sus sandeces de prostituto,
a la vez se torna serio, comienza a reírse de la regia corona idiota; lo inquiere, lo convierte
en su marioneta vudú, en el postrado que se enoja para no mover su culo fofo de su trono
real mientras la investidura del χάρις se convierte en autoridad, en Magister dixit para
luego investirse en el despotismo de los juegos de la inversión, hasta obligar al pobre
Ricardo a arrodillarse, a besar su muñeca inerte como un vasallo para terminar con su
propio báculo sobre su cabeza y en el éxtasis de la posesión el rey proclama: ¡Ipse dixit!…
¡Ipse dixit!…
Realmente si el Mediocre como tal imita es el ídolo de la Sabiduría, su doble, su otro yo, el
ladrón de todo esto. Un adefesio de figurita devenido en una mera síntesis
insignificantemente anonada. Ni hablar de cómo el Genio devino en el desprestigio
afamado del quererse ver envuelto en el torbellino del cariño de los tontos y su
reconocimiento…
Son pocos los que empuñan el Tirso y menos aun los que encarnan toda la atomización de
los nombres de la historia. Yo prefiero hablar de Poetas en el sentido más llano y
generalizado de la palabra. Yo sé porque las monas suelen vestirse de seda, pero también
sé que son muy pocos aquellos predestinados y condenados a la holgura de su Toga
purpura y ni siquiera comprendo cual fue la intención de este devaneo soso y vulgar para
pasar el rato. Igualmente es algo que no me interesa explicitar en demasía…
No voy a redactar una historiografía insulsa de La belle époque de la comedia humana,
tampoco un Descensus ad inferos de una tragedia existenciaria de la maestría de la
sospecha de algunos personajes célebres y valentes en la representación del show de su
demonio interior junto al costal de habladurías de piedra que obliga sin descaro a llevar a
cuestas mientras se desintegra la mera fenomenología de catálogo de un fenómeno
piadoso que probablemente sea el único legado de dicha escuela en su espantosa cercanía,
en su actualidad contemporánea…
Anacrónicamente y pateando el tablero de la historia quisiera comenzar con el Espíritu mas
orgiásticamente vital de lo que concibo como los actores principales de mi concepción de
los Poetas de fin de siglo: con Empédocles mismo, el muchacho de Agrigento que gracias a
la actividad del plagio de sus primeras enseñanzas órfico numerales de Pitágoras de Samos
en persona, fue quien lo llevo a patentar su saber, a escapar de la esfera exotérica y su
pérdida de libertad frente al encadenamiento de la comunidad cerrada, al sema del soma
de la orfeotelesta, a jugar con su esfera sólida en su propio recinto párroco de ceremonias
itálicas de ayuno, silencio y misterio…
Empédocles -a diferencia de Platón quien también oficio como discípulo- horadó, por así
decirlo, la teluria del mathema de su Herr Professor.
De allí su conceptografía tan radical como original; una enunciación tan esencial que rompe
cualquier relación en búsqueda de una referencia…
El Concepto liberado del simbolismo, despojado del sentido icónico del elemento
noemático de una ἐποχή transcendental irreductible, de una conexión que solamente toma
su carácter de aprensión de lo real en la inmanencia meta empírica indirecta…
Probablemente no seamos conscientes de la conceptografía de Empédocles o solo yo sea el
único consciente de la misma, por descuido, ingenuidad y un sentimiento extrasensorial.
Más bien, nuestra metodología, si es que podríamos nominar bajo esa misma semiosis
nuestra actitud taumatúrgica de crear semántica y sintácticamente lo que podría
denominar como Conceptos flotantes, conceptos librados al Mystés como huella, reflejo,
expresión, memoria y reminiscencia de sí mismos. Conceptos revelados y liberados a su
propia existencia, influencia y experiencia recíprocamente contigua…
Un lugar donde el concepto, por decirlo de una manera pedante, se encuentra a la mano.
Como esas esplendidas manzanas de oro de las rumorosas Hespérides donde todos pueden
probar de las mismas y esenciarse a través de su propio sabor. Aún en la cercanía terrenal
de la augusta tierra con sus engendros Titánicos y su violencia directa sobre el cielo
estrellado de una harmonía imperfecta…
De allí los discípulos indisciplinados como idolatras ciegos y los cínicos enceguecidos por la
bruma helada que se asienta en la impostura de quienes desnudan su corazón cándido,
pero tan sensitivo como un sándwich de milanesa desalmado y sumido en la pena del rocío
fatalista de un mañana, helado como la nieve cuando quema el resto de carne viva aún con
vida…
Volviendo a Empédocles mismo podemos ver que tanto su vida como su Sabiduría en su
experienciarse mutuo a lo largo de toda su existencia se va concentrando en una animidad
centrípeta de sí mismo para llegar a ser lo que se es; llegar a los límites de los confines de
su Psique y su Soma hasta lograr el proceso de convertirse en un solo elemento, en un
concepto de carne y espíritu que se fusione en el cosmos.
Llegar cada vez más alto; y sus discípulos son precisamente la praxis indirecta de sus
conceptografías de plata; tomemos como ejemplo al joven Georgias de Leontinos
pergeñando en su contemplación nocturna los recuerdos de la mar embravecida y la crítica
del criterio de la locura abisal, una crítica de la esencia del Logos y el Hombre en medio de
una tormenta que engaña como Poseidón mismo; obscurecido no por el ojo de Tifón, sino
por el sentido moralmente condenable de nuestra mentalidad impuesta, diagramada y
cuadriculada por la religión de la Persona, la trinidad, y la pasión. Esa impostura de ese
judío esquizofrénico que termino en la cruz por sus “pescados”.
Ya habrá tiempo para hablar del muchacho de Nazaret y de decodificar su mensaje de amor
incondicional, absoluto y sin finalidad. Soteriología solo comprensible por la ira divina y
vengativa de su propio Dios: Monsieur Iahveh, el insaciable, el tirano innombrable, el
déspota y psicópata que se divierte en el banquete fúnebre de su mirada y carcajadas en la
sordidez de sus ojos que todo lo ven, sobre todo el peregrinar tiritante de su predilecta
creatura y su duda, de Abraham, su cordero e Isaac. Una deidad criminal que se divierte
vengándose del mundo, de sus propias creaciones, el gran torturador; el asesino serial de la
familia de Job…
El pueblo elegido por un Dios criminal, maculado y vengativo del más acá, ésa basura, ese
engendro vetero testamentario con un corazón desértico, cargado de muerte…
Bueno, para acabar con Empédocles no voy a perder el tiempo en su suicidio u o aspectos
biográficos que solo sería una resolución redundante, pedante y demostrativa para la clase
de lectores que no me importan en lo más mínimo.
Simplemente hay que tener lo que hay que tener para acabar consigo mismo arrojándose a
las profundidades magmáticas del monte Etna u o ahorcándose en un olivo reseco junto a
los azotes implacables del Noto sobre alguna llanura desértica y profunda en algún lugar
del Peloponeso. Su mereotopología se concreta en el acto de su labor y su sabiduría
involuntaria que derramo sobre los demás sin pedir nada a cambio. Tal vez yo también
tenga el mismo pathos, el sino heroico e ineluctable de un hombre divino…
El amor de los dioses a veces es peor que el suplicio de Sísifo…
Aunque quien nos quita la gloria del prestigio de nuestro arrojo heroico, de nuestra lealtad
incólume frente a la maravilla de haber nacido para algo más que la vida misma.
Nadie conoce de nuestras penas derramadas en cada noche abierta…
“El Alma de Occidente”. [Capítulo III]:
El Μουσείον que represento la ciudad de Alejandría en el auge de la heterogeneidad de
caminos sin redención, de senderos y encrucijadas bajo el peregrinar semitario y fugaz de
una homografía crisopéyica; en su miríada silenciosa y compleja de una marcha solitaria
hacia las entrañas de la interioridad humana encadenada a la oquedad del soma en su
confinamiento. En su casuística banal y heterodoxa de su espacio vectorial y su
desplazamiento liminar de la polaridad cero como el Momentum de una caída libre de la
ψυχή en su esfuerzo desesperado de escapar de dicha heteronimia inmóvil; de la
pluralidad de una experiencia paralizada en el movimiento inconsciente de su figuración
autoconsciente de una consciencia pétrea, ciega e inmóvil frente a su propia adversidad de
una inversión ineluctable…
En el camino hacia la claridad del bosque, en el acecho de la interiorización inútil del Saber
como mera brutalidad silvestre del reconocimiento etimológico de la voluta de dicha
horquilla de replicación de un enunciado u o proposición del genoma de una predica
cornucópica de la identidad literal de una mantica Phantasma como la burocracia hierática
de los “Escribas reales” con sus mantras que se deshacen en el Nomos de su ingenuidad
acopiadora de tropiezos y recaídas suicidas desde la mera conversa doxográfica que
engloba todo el macro cosmos estoico de la pornógrafa iteración de la actividad del
claustro, en donde se entonan todas las noches la égloga de las azadas y la lectura revelada
de todos los escritos sublimes, divinos y trascendentales, legados a una vocifera y
estridente voz declamatoria bajo el dictamen perlocutório de una palabra desgarrada bajo
la imprudente impaciencia del alma mater de lo que fue, es y será la invención inhumana
del nacimiento y la génesis de los Monjes negros nomenclatura basáltica de la literalidad
del deseo objetivado, tanto en su creación como en la legislación innecesaria del referente
semiótico en la pureza sacra y zarca del elemento primario del Alfabeto ulfilano, en su
vernácula originalidad del impaciente veneno latino que se decantara en el goteo
mezquino de su fuente primaria en torno al cursus escolásta a cuenta gotas de la hiel
vetero testamentaria del pueblo elegido en su carácter comparativo y paralelo;
exceptuando dicha tarea infame e insana a la “Escuela de Salamanca”, ese milagro del
verbo carne medieval encarnizado en el relámpago salvaje, de esa luz que se adelantó a su
sórdido trueno, a la redención de las Humanidades como ciencia, consciencia y proceso en
su máximo esplendor; superando y dejando a la vera del camino el Humanismo de la vita
nuova del renacimiento de los muertos vivos.
Pero no quiero escurrirme en las ramificaciones simpátricas que detona la ciudad de
Alejandría en su expuesta y estúpida idealización de un bárbaro sin alma bárbara; de esta
infundada metrópolis arábiga como producto o mera mercancía de un conquistador sin
ánimo de colonizar, de un temerario acaparador de tierras lejanas, ajenas y sin ningún
sentido de pertenencia real. Precisamente este discípulo de marioneta bastardo,
convincente y conveniente para Aristóteles mismo, en su última actividad propedéutica
antes de abandonarse en el corazón más profundo de los Mitos; el hijo de Filippo de
Macedonia, el helenófilo de salón conocido como Alejandro Magno ese bárbaro despojado
de sentido de pertenencia y rodeado de Maravilla y Taumaturgia por el esclavo inmundo de
Calístenes en ese inmundo retrato hagiográfico de un arrojado exhausto de la cuna de Oro
de la farsa bastarda, de la neutralidad usurpadora de su propio hermano, relegado a la
falange de su hermanastro como otro ἑταῖροι legionario, esclavo y dispensable.
Volviendo al bastardo, volviendo a Alejandro, el gran creador de la institucionalidad del
Saber en la edificación de lo que luego serían las referencias de la modernidad más
enferma y perniciosa…
[¿Acaso no estamos hablando de la dirección unilateral que tomara la civilización
Occidental durante los próximos siglos hasta llegar a Descartes mismo y su personalidad
Óntico/Teosófica a la hora de condenar al olvido las verdades eternas, su contradicción y el
elemento positivo de la síntesis de las mismas en el derecho y la potestad inexpugnable del
verdadero taumaturgo de la modernidad, del verdadero creador de la Metafísica Moderna,
del jefe de todo conocido como Gottfried Wilhelm von Leibniz?]…
Retomando los papiros roídos y acumulados por la elite de los monos babuinos arrastrando
su culo de mandril en la obscuridad impenetrable de esta Magna Biblioteca de los
Πίνακες
en su acumulación de papel higiénico; en la cooptación monofisísta de las palabras
inscriptas en dichos pergaminos mal olientes que lentamente tomaran distancia del
hombre común en su taxidérmica momificación a resguardo de las mareas del Nilo hasta
llegar a la destrucción masiva de los mismos a cargo del hombre más infame de la historia,
del bufón servil, desleal y redactor de ese engendro espantoso conocido como el Codex
Theodosianus.
Una basura sin parangón en la historia; tal vez un símil de semejante sorete reformador se
asemeje a la figura de ese tecnócrata hepático, de ese traidor de Mijaíl Gorbachov. Ese
cerdo predestinado al suplicio de la cólera terrible de los azotes infinitos de Iván el
Terrible…
Volviendo a Alejandría, la invención de Serapis, tanto como la del culto histérico propuesto
por decreto de Alejandro; sobre todo al sometimiento y la subordinación incólume a su
deidad política por excelencia contaminada por el elemento paradigmático de la tiranía de
una teoría de cuerdas de una divinidad devenida en mera materia obscura que Vive en lo
oculto, que escapa de cualquier matriz y sujeción de la logicidad del Ser en torno al
elemento real del clinamen físico y ontológico de su propia Rerum natura…
Una divinidad que se muere en el carácter efímero de su evanescencia despojada de su
propio Numen sagrado bajo el cual se sacrifica la cálida sangre del espíritu libre de
cualquier orden del libertinaje estrictamente erudito. Como el holocausto de la esencia
primal del materialismo epicúreo llevado a su máxima expresividad bajo las figuraciones
monadológicas de Lucrecio: el gran hilozoísta de la antigüedad detenido bajo una divinidad
de osamenta y piedra caliza, una interioridad profanada y despojada de su misticismo como
el cadáver de Amón.
Una deidad rellena de espectáculo y mera animidad simbólica que pervive en su hueca
figuración estatuaria…
“El Alma de Occidente”. [Capítulo II]:
Sócrates el prosaico, el Homo universalis de la polimatía estructural de la Filosofía griega es
sin lugar a dudas la Imitatio christi de la devoción y el terror de la ἀρετή del Sabio en su
máxima expresión…
Sócrates el plebeyo, el chamán que conjuro el Laos de la naciente generación
aristocrático/ateniense encarnado en el culmen extático de la máxima figura de una de las
familias regias dominantes de la península de Atenas, al descendiente de la dinastía
Alcmeónida; al joven Alcibíades, transformado en el Sileno desesperado de una carnalidad
insaciable ante la adoración inmoral de su figura fantasmagórica; prácticamente en la
máxima devoción y aposición del carácter de la homosexualidad en la práctica griega en
torno al Saber y el Conocimiento en el culmen del Deseo literal, en el éxtasis del goce del
soma mismo donde sin reparos o posibilidad de articular una mueca, mascarada o pose
frente a las revelaciones del corazón de la Filosofía primera en sí. En el arte underground,
en los grafitis desde la liberación erótica del erotismo abrasador de las estatuas de dioses
infames y de la sabiduría predecesora perviviendo en la opresión de una Toga purpura
demasiada ceñida en la impresión falaz de sus devaneos de taumaturgia y misantropía. En
su interpretación falsacionísta y generalizada de una manera meramente fascista y brutal
devenida en una simple metodología folklórica, como παιδεία e ilustración meramente
relativizada en el carácter esotérico de sus propias palabras enigmáticas, incluso
indescifrable hasta para los griegos contemporáneos en cuestión.
Sócrates solamente pudo liberar la Expresividad de tamaña Sabiduría acontecida y
precedentemente como arquitectura del rayo divino a través de la impresión y la
comprensión del rudimento más duro de roer desde que el griego tuvo uso de razón,
desde las figuraciones poéticas de La Ilíada, su libro revelador por excelencia; y
posteriormente, aunque no en una conformidad absolutamente totalizadora de La Odisea.
Las dos obras objetivadas del poeta máximo –obviando la multiplicidad de la autoría
apócrifa de las mismas- los dos poemas ciegos como su ciego redactor; como el sino de su
ciega tragedia donde muere bajo el ἀγών del enigma en su máxima parvedad inusitada:
Homero de Quíos…
No obstante, lo cual -comparativamente hablando- lo mismo podría decirse de Pericles
como el primer Estadista, como el primer soberano emergente de la civitas democrática
en lo más bajo y en la maravilla del orden civil en su incólume invención legislativa y
constitucionalista a la hora de instrumentar el decálogo contractual ateniense legado bajo
el furor del Νόμος Βασιλεύς de Solón en su objetivación…
Pero vallamos a lo directo, a lo que se torna terrible; seguramente no esperaran que les
hable del ἔλεγχος bajo el κύκλωι δείκνυσθαί, de la Ironía socrática como razón centrípeta y
elíptica en su demostración contigua de historiografía doxográfica de una metodológica
contractualista en una blasfemia de artículos y etcéteras…
¿Por qué Sócrates?… Más bien los cuadernos de la cárcel de este sabio callejero solo
tienden hacia la Poiesis poemática en su máxima reflexión estética. Cuando en el mismo
Fedro, el mismísimo Platón; ése Stalin que abandono los poemas litúrgicos y dialógicos
enfermos de bizantinismo nos dice en el pasaje [230d] de su antagonista
insoportablemente escrutador ante el cual nos presenta a un Sócrates sin estratagema
inquisitiva, sin artilugios del logos enredado en su propia logicidad; donde simplemente
responde, responde para no desanimar la vindicante mundanidad estética de las murallas
de tamaña gigantomaquia de una pedestre simbología estúpida, repleta de cariño y de
florituras e insignificancia por parte de su compañero cuando el mismo simplemente
consuela tanto amor ignorante y violento : «No lo tomes a mal, buen amigo. Me gusta
aprender. Pero el caso es que los campos y los árboles no quieren enseñarme nada; pero sí,
en cambio, los hombres de la ciudad» …
¿Acaso no nos adentramos en el cuerpo tatuado, en el reino de las lejanas e infieles tierras
de Φθίη?… ¿Acaso no había otro Sócrates dentro de Sócrates mismo?…
Hablo del δαίμων socrático como una entidad fantasma, como “el otro yo”; como la
posesión de la ψυχή en su mortalidad; en la relación de los griegos frente a la muerte, en la
relación de los griegos en la doble existencia de lo perceptible del soma y la imagenología.
El ídolo inconsciente…
Empiria y oniromancia; no importa el porqué de Sócrates como un traidor, como un Poeta
de la justicia y la Injusticia del Espíritu en sus confines…
Del agonístico poema espartano de la Asklepieia de la sabia savia de Imhotep en su Hierón
curativo; en la vibración del pulso agonizante, en la narcolepsia del opio visionario, en el
canto del Arpista del Faraón Intef: «Generaciones y más generaciones desaparecen y se van,
otras se quedan, y esto dura desde los tiempos de los Antepasados, de los dioses que
existieron antes y reposan en sus pirámides.
Nobles y gentes ilustres están enterrados en sus tumbas. Construyeron casas cuyo lugar ya
no existe… ¿Qué ha sido de ellos?… He oído sentencias de Imuthés y de Hardedef, que se
citan como proverbios y que duran más que todo. ¿Dónde están sus moradas?…
Sus muros han caído; sus lugares ya no existen, como si nunca hubieran sido.
Nadie viene de allá para decir lo que es de ellos, para decir qué necesitan, para sosegar
nuestro corazón hasta que abordemos al lugar donde se fueron.
Por eso, tranquiliza tu corazón.
¡Que te sea útil el olvido! Sigue a tu corazón mientras vives. Ponle olíbano en la cabeza.
Vístete de lino fino. Úngete con la verdadera maravilla del sacrificio divino.
Acrecienta tu bienestar, para que tu corazón no desmaye. Sigue a tu corazón y haz lo que
sea bueno para ti. Despacha tus asuntos en este mundo. No canses a tu corazón, hasta el
día en que se eleve el lamento funerario por ti.
Aquél que tiene el corazón cansado no oye su llamada. Su llamada no ha salvado a nadie de
la tumba».
En la διαίρεσις, en el ειδωλον; en el aforismo número doce de Los caracteres de la belleza
de mis “Consideraciones de un alma bárbara”; en la Enciclopedia de la Thanasophía: «Un
hombre oculto, un tercero excluso, el enigma de la trascendencia.
La primera naturaleza del hombre es fenoménicamente expresiva de su segunda naturaleza
inexpresiva y ciega ante una tercera naturaleza incógnita e inaudita de su propia
trascendencia.
Allí no valen las palabras, ni el lenguaje universal y menos aún la filosofía de la Simpatía…»
En su propio ειδωλον, en su propio éxtasis epóptico es en el espejo donde Dionisos se
obnubila frente a su propia imagen, en el espejo se refracta la reflexión total de su propia
figura refleja de un mundo en silencio…
De allí el ultimo pedido al amigo leal, al depositario del amor leal, del amor divino que no
admite fidelidad; tal cual como figura en el parágrafo [118ª] del Fedón: «Critón, le
debemos un gallo a Asclepio. Así que págalo y no lo descuides» …
“El Alma de Occidente”. [Capítulo I]:
Sin dudas existe una relación harto evidente entre mi Espíritu y el pueblo griego; podría
comenzar con lo grávido de su relacionarse espiritual en su esencia sincrética en la
formalización y diversificación de sus ritos e influencias Babilónicas y etc.… En la
cosmogonía de sus principales Deidades primarias y su intrincada genealogía diseminada
en una asombrosa imagenología sinfónica bajo la estructura cognitiva de su extraño
Politeísmo contemplativo, en torno a la deificación como experiencia concreta de la ψυχή
en su sinérgica Weltanschauung indirecta en sus diversas figuraciones de la cognición
psicométrica de los griegos y su consciencia en general…
En lugar de ello vamos a adentrarnos de lleno en el Labyrintho sin más preámbulos. En el
Thymós de la posesión de los dioses y su celosía; en el Pheme embriagador, en el carácter
orgiástico del inevitable erotismo que se establece principalmente en relación con los
Poetas y los Filósofos en su individuación y vinculación directa con la Sabiduría en su
esenciarse, en el carácter de procesión, posesión y enfermedad sagrada; sin obviar y dejar
de lado la delgada línea divisoria, inestable y lindante con la Locura en su osmosis sagrada…
Un Filósofo, ante todo, quiéralo o no, ama a los mitos, aun cuando sea inconsciente de su
relación ante la propia ausencia de los mismo…
Aristóteles en su vejez se dio cuenta de ello, de esta relación oblicua, directa, indirecta,
sugestiva y fulminante en torno a la sabiduría y las Deidades griegas de un modo evidente.
Siempre y cuando estemos hablando de quienes están predestinados a empuñar el Tirso de
Dionisos; pocos son los elegidos, pero los griegos a diferencia de otras culturas eran
políticos en el arte, en su filosofía, en todo lo que sean o puedan llegar a ser u o estén
realizando…
De esta simbiosis política de la mentalidad griega que se ejerce hasta defecando; aun
contradictoriamente siendo conscientes de lo inefable de nuestro espacio en su
intermediación frente a lo supra terrenal de los Balcanes, frente al panteón Όλυμπος
donde probablemente sucede todo lo contrario…
Precisamente en la morada luminosa que contenía la furia magmatica y despiadada de los
Titanes bajo su propio peso es donde regia un orden totalmente apolítico, inverso, tiránico
y acráticamente ciego como una tragedia de la tragedia misma. Como el amar vindicante
de la procesión asesina de las Βάκχαι en su juerga orgiástica del placer de la sexualidad
fémina inconsciente…
En cierto modo las deidades griegas -principalmente las ctonicas- que emergen de las
telurias del inframundo tienen una relación más estrecha, profunda y carnal con el hombre
que se encuentra en la búsqueda de la sabiduría; seguramente su amor no correspondido
destruye al amado, de eso no cabe duda, pero el amante no puede obviar esta
impotencia…
Desde los poemas homéricos hasta las bases fundacionales de la literatura griega;
principalmente la Ilíada y sobre todo la Cosmogonía de Hesiodo uno siente que está
dominado y dominando ese amor revelado y religado en uno mismo.
El objeto de esa demanda imposible de saciar no solo necesita de amor para respirar…
El hombre iluminado, el poseso sabe que no solo necesita de ese amor divino e
inabarcable; con el tiempo uno cae en la cuenta y razón de que dicho amorío incondicional
también necesita de uno mismo, aun cuando no solo dependamos del mismo…
Nuestra religiosidad no es un holocausto suplicante porque uno mismo establece dicha
relación mistérica con esa pequeña polis en la que nos transformamos paulatinamente,
somos conscientes de que en cierto modo somos nosotros mismos quienes deificamos
estos dioses amantes e insaciables; de que nuestra actividad contemplativa es una
taumaturgia mortal. Nuestra mortalidad nos hace divinos, pero no absolutos; de allí que, a
los ajenos, a los que proceden detrás de la procesión del iluminado sea necesario
encaminarlos por la senda correcta de este caminus semitarium en torno a la esfera del
Saber, pero nunca al Conocimiento del dominio real y concreto…
Tarde o temprano es uno el que debe romper este romance enajenado con lo divino;
cuando la promesa se quiebra, uno se ubica en una posesión activa de su propia
experiencia en concreto, uno en cierto modo se ve en el desamparo, en la infinita
desolación. Es allí cuando uno toma consciencia de lo consciente de la invención de la
Magia detrás de la Tragedia, del carácter terrible de la existencia en un sentido infinito
como un Deus otiosus que mora en uno mismo, en el poder del logos devenido en un
instrumento dialécticamente absoluto, en un poderío profanatorio del numen que irradia
desde las esferas inmóviles en la fricción del religar de lo sagrado en su condenación de la
propia existencia más aquí y más acá…
Probablemente en la rebelión revelada de la autoconsciencia de uno mismo consigo mismo
brote el nacimiento del Enigma; lo esotérico de la propia palabra, el éxodo de las brumas
de la mística que anegaron nuestro propio Espíritu…
Uno mismo se convierte en un enigma, en un mysterium peligroso para las divinidades
mismas.
Uno mismo precisamente no vive de las invenciones enigmáticas de lo que está más allá de
la tierra, si no que uno se convierte en un hacedor del enigma, ingresa en su esfera, uno
tiene el poder de librar una batalla en torno a la Magia trágica que encarna su existencia…
Involuntariamente eso es lo que da esa sensación de serenidad; el saberse condenado al
amor terrible de la meta empiria Onto teológica de lo inefable; pero a la vez el evento
sucede y se presenta bajo el misticismo y la interioridad del hombre consigo mismo…
Uno como Filosofo está en constante conflicto con el Olimpo y la tierra absurda, vacía en su
insensatez, en su mostración descarada de su violencia cruel y sanguinaria; en su vulgar y
sacra protección que reside en la ignorancia ejercida desde la limitación de quienes quieren
instrumentar la Razón, desde los límites de sus propios confines, sin sentido de
mancomunión, bajo el imperio de la mera doxografia enajenada de los que están por uno y
necesitan de uno. Precisamente en dicho momento, cuando uno es consciente del
desgarro de la cúpula de dicho universo teleológico, de esta inversión de una metafísica de
por sí ya invertida es cuando nace el corazón cándido, crudo y terrible del individuo. Donde
uno se sabe involuntariamente condenado a comunicar a los demás su poder, su carácter
gorgonico bajo la revelación de su consciencia consciente, de su facultad y potestad del
poder articular el devenir y su corrupción, de su iconoclasia. Uno alberga esa luz que
termina de dar a luz, precisamente esa luz que traspasa el manto que cubría su propio
cielo…
El misticismo que se adentra en el reconocimiento de uno mismo, ahora se convierte en
una espiritualidad política, en una sabiduría del dominio desde el conocimiento de lo real
donde nos encontramos cara a cara con la verdad inaudita de nuestra propia irrealidad, de
nuestra anti physis humana; del elemento humano soterrado en lo más profundo e
inaudito de nuestra propia humanidad…